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Malos hábitos: ¿qué comen los chicos en la escuela y en casa?

Algunas escuelas de Argentina implementaron la venta de productos sanos. Pero los especialistas afirman que los padres deben tomar conciencia de la importancia de la buena alimentación de los niños.

Que a los chicos en su mayoría no les gusta comer alimentos ricos en proteínas es una realidad que los padres tienen que enfrentar y solucionar de la mejor manera. Sin duda, una eterna pelea familiar entre chicos y adultos. La ausencia de los padres del hogar hace que muchas veces los pequeños se acostumbren a comer desequilibradamente, y por otro lado la entrada a la escuela hace que los niños tiendan a ingerir alimentos poco nutricionales.
El año pasado, en Corrientes, se propuso a las escuelas implementar entre las opciones de ventas en los quioscos, comidas sanas como ensaladas de frutas, sandwiches, jugos naturales, entre otros productos, para buscar cambiar los malos hábitos alimenticios y fomentar una cultura del buen comer. Hoy algunos establecimientos hicieron caso a la medida y pusieron a la venta este tipo de productos.
Los especialistas afirman que se deben tener en cuenta dos factores fundamentales en la vida de los chicos, por un lado la actividad y por el otro la buena alimentación, los dos deben estar unidos indefectiblemente para que los pequeños desarrollen sus vidas en equilibrio, aseguran los pediatras. Por esta razón, tiene una importancia fundamental que los padres busquen el tiempo para organizar la alimentación de sus hijos, en base a una dieta adecuada.
“Se debe tratar de acostumbrar a comer sano desde la infancia, ya que modificar el gusto es una tarea más complicada de lo que se cree, pero jamás imposible”, resaltó Costa, una de las pediatras consultadas.
Otros de los factores que revierten gran importancia, como se dijo antes, es la escuela, donde los chicos pasan gran parte del día y suelen consumir golosinas y otras tentaciones que les ofrece el quiosco del colegio, por lo general altas en calorías, como las gaseosas, lo que sin duda contribuye a un desajuste alimentario.
“El problema se podría llegar a controlar si las comidas familiares fueran esencialmente caseras ricas en hierro, caroteno y proteínas en general. Sin dudas el ejemplo de los padres es fundamental. Si el niño estuviera acostumbrado a consumir verduras, frutas, carnes escasas en grasas y pescados en forma regular y alternada, el hecho de que durante los recreos de la escuela coma galletitas dulces, por ejemplo, no incidirá en su desarrollo saludable”, explicó la especialista consultada.
En algunos colegios locales, los niños del nivel Inicial deben llevar durante cada día de la semana un tipo de comida previamente estipulada, entre las que se encuentran frutas, sandwiches, yogur, y en lugar de gaseosas se buscaba estimular el consumo de jugos naturales o agua fresca. Una iniciativa interesante que va creando en los chicos un hábito alimenticio de mucho valor.
“Son los primeros años de vida en los que se debe buscar de formar el gusto de los hijos. Más allá de que los padres no coman determinadas verduras se debe tratar de incluirlas en las comidas de sus hijos”, remarcó una de las pediatras consultadas por este medio.
Un punto fundamental a tener en cuenta es que en las últimas décadas, el ritmo de vida se ha modificado considerablemente. La vida laboral hoy hizo que en muchos hogares se deje de lado la comida casera optando por comprar comida. Las secciones de comidas hechas en los supermercados locales se llenan de gente cada mediodía. Las familias ya no tienen tiempo y en su mayoría prefieren salir del trabajo y comprar algo listo que pueda ser recalentado en pocos minutos. Sin duda, una cultura que fomenta la mala alimentación.
Lejos quedaron ya las largas horas dedicadas a la cocina de las madres. En medio de una sociedad donde todo tiene que estar listo al instante, se comenzó a perder el valor de la ingesta de comida sana.

fuente: diariolarepublica.com


Add comment Mayo 5, 2008

Frente a los atajos en la salud, máxima prudencia

EDITORIAL
Los ciudadanos nunca han dispuesto de tanta información para alimentarse adecuadamente. Sin embargo, tampoco nunca ha habido tanta confusión sobre cómo hacerlo. Ésta es la paradoja de la sociedad sobrealimentada, la del sobrepeso. Al daño que pueden representar para la salud unos kilos de más se suma la presión social por tener un cuerpo estupendo, pues es ése, aunque no sea cierto, el estereotipo de persona saludable que triunfa hoy en día. De ahí que adelgazar se haya convertido en una obsesión para miles de personas y que, aprovechándose de esa ansiedad, proliferen los métodos y productos milagrosos que prometen conseguirlo sin esfuerzo y en tiempo récord.

Un producto adelgazante comercializado desde Gijón -que aseguraba que era capaz de eliminar entre 2 y 20 kilos de desechos que supuestamente acumulamos en el organismo- está inmovilizado por los presuntos daños que causó a tres consumidores en Portugal. No hay una resolución definitiva, pero, sea la que fuere, la intervención ha dejado al aire las lagunas que existen en este terreno. La sustancia en cuestión no está dada de alta en ningún registro. Ni es una medicina, ni es un alimento, ni es un complemento alimenticio, ni la empresa que la vende dispone de autorización sanitaria para comercializarla. Todo esto se conoció a posteriori, después de que más de 100.000 personas pudieran comprar el producto -por cierto, de los más caros del mercado, a 24,75 euros el bote- en establecimientos de toda solvencia, como farmacias o grandes superficies comerciales, y sin que hubiera pasado ningún control de la Administración para descubrir posibles riesgos. El peligro se multiplica en internet, donde ya se ofrecen cantidad de componentes de este tipo que juegan a ser medicamentos o productos naturales y no son ni lo uno ni lo otro. La normativa europea, tan reglamentista en otras cosas, es aquí demasiado abierta y va muy por detrás de quien se lanza con pocos escrúpulos a explotar este filón.

Para las cuestiones de la salud no hay atajos que valgan y para perder peso no existen milagros. Dos periodistas de LA NUEVA ESPAÑA y un escritor, colaborador habitual de este periódico, narraron en primera persona, en un reportaje reciente, cómo lograron bajar entre 20 y 40 kilos. Cada uno experimentó un método distinto: uno, con una estricta dieta por prescripción médica; otro, con la firme voluntad personal de caminar más y comer menos; un tercero, con pequeñas decisiones intuitivas, refundidas de los muchos consejos que había recibido de distintos facultativos para menguar su apetitivo. En todos los casos el éxito llegó por su propio sacrificio, no hubo ayuda mágica que valiera.

En estos tiempos, aprovechando la cercanía del verano y la supuesta obligación estética de lucir buen tipo, proliferan ofertas de lo más rocambolesco: cremas quemagrasas, polivitamínicos, barritas depurativas, gimnasia pasiva sin moverse del sillón que quema más calorías que una carrera, regeneradores de articulaciones, activadores metabólicos para elevar el gasto energético… La retahíla de eufemismos para denominar distintas cosas que tienen el mismo fin resultaría cómica si no fuera porque en algunos casos no hay garantías de que esos métodos acaben por comprometer la salud de los usuarios.

Ya lo advierte Juan Llaneza, el director de la Agencia de Sanidad Ambiental y Consumo asturiana, responsable en esta materia: «Para vivir hay que tener una dieta normal y saludable, los complementos alimenticios son un aspecto que requiere una consulta con un médico». Una investigación de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, acaba de probar precisamente esta misma semana que los suplementos a base de vitaminas antioxidantes vendidos como un elixir no sólo no mejoran el bienestar físico sino que pueden acortar la vida.
La salud es un asunto demasiado serio como para automedicarse. El consumidor debe de estar prevenido y tener siempre presente que no existen pastillas para todo. Por muchos cantos de sirena que le lleguen, no hay más secreto para adelgazar que comer menos y de otra manera y romper con la vida sedentaria. Así de simple y así de difícil.
No comer bien lleva al sobrepeso, o sea a un mayor riesgo de enfermedades o a los peligros de los productos milagro. El médico y académico Pedro García Barrena, que pronunció una conferencia la pasada semana en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, asegura en una entrevista que se publica en este mismo número, en el suplemento «Siglo XXI», que «enseñar a los niños a comer es tan importante como que aprendan a leer y a escribir». No es una exageración, por ahí deben de comenzar las cosas.

fuente: Ine.es


Add comment Abril 29, 2008

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